La campaña Banca Armada y mutualistas denuncian las inversiones de Mutua Madrileña en el negocio de la guerra y las fronteras

 

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Hoy, 11 de junio del 2021, fecha de la celebración de la Junta General del Grupo Mutua Madrileña, desde la campaña Banca Armada se ha promovido una acción de visibilización a través de las redes sociales, para pedir que el grupo Mutua Madrileña deje de financiar a la industria del armamento. Hasta ahora, es conocido que Mutúa Madrileña ha invertido en los últimos años en empresas como Indra Sistemas Sano, empresa que dedica alrededor del 27% de su producción a desarrollar electrónica militar, simuladores de vuelo y sistemas de tiro y de defensa electrónica.

Tal como las mutualistas explican en sus cartas, INDRA participa además en el Programa de las Corbetas Avante 2200 de Navantia destinadas en Arabia Saudí, actual contendiente en la guerra del Yemen. Por si esto no fuera poco, Indra también se lucra con la gestión de las políticas de control fronterizo que vulneran los derechos fundamentales de las personas refugiadas que huyen de territorios en conflicto como el Yemen.

Las mutualistas-activistas han sido gritadas a publicar a través de Twitter e Instagram el escrito con la denuncia hecho en el presidente Ignacio Garralda y al Consejo de administración de la entidad financiera.

Este es el escrito:

En condición de mutualista de la Mutua Madrileña y con número de póliza xxxxx, me dirijo a ustedes hoy, día de la Junta General Ordinaria, para manifestar mi total desacuerdo con las inversiones que hace su entidad en empresas relacionadas con el negocio de la guerra.

Los datos que expondré a continuación son resultado de las investigaciones realizadas por el Centre Delàs de Estudios por la Pau que, junto con las otras entidades que forman la Campaña Banca Armada, llevan quince años haciendo investigación y denunciante el controvertido vínculo entre las entidades financieras y las empresas de armamento.

Sr. Garralda, durante el año 2019, Mutua Madrileña invirtió 3.283.600€ a Indra, empresa que dedica alrededor del 27% de su producción a desarrollar electrónica militar, simuladores de vuelo y sistemas de tiro y de defensa electrónica.

Indra es una de las empresas más protegidas del Estado Español, con una tasa de crecimiento de ventas del 455% durante el periodo 2006-2015. La empresa copa el 19,4% de las ventas de defensa en el sector de vehículos terrestres, domina las ventas de defensa en el sector espacial y acumula un 38,6% de las ventas de defensa en el sector de misiles, además de ser presente en los sectores naval, aeronáutico y, obviamente, también en el electrónico-informático, donde acapara cerca de la mitad del total de las ventas de defensa y la mayor parte del mantenimiento y modernización de la electrónica de múltiples programas de armamento.

No está de más recordar que Indra consigue contratos públicos que consumen grandes cantidades de los presupuestos estatales y europeos, siente el Ministerio de Defensa español uno de sus clientes principales. Estos fondos podrían dedicarse a otras cuestiones más necesarias como son la sanidad o la educación, y en el actual contexto de emergencia sanitaria nos estamos dando cuenta de la importancia de invertir el gasto militar en gasto social.

En lugar de esto, Indra consigue postularse como un actor de referencia en la industria del desarrollo de la guerra. Uno de sus contratos más controvertidos es el que ha firmado para el Programa de las Corbetas Avante 2200 de Navantia, destinadas en Arabia Saudí, actual contendiente en la guerra del Yemen. Por si esto no fuera poco, Indra también se lucra con la gestión de las políticas de control fronterizo que vulneran los derechos fundamentales de las personas refugiadas que huyen de territorios en conflicto como el Yemen. Nadie tendría que tener que migrar y nadie tendría que ser nunca considerado “ilegal” ni verse sometido a esta realidad tan lamentable que la Unión Europea sostiene gracias a empresas como Indra en sus fronteras.

Sr. presidente y miembros del consejo de administración, como mutualista de esta entidad y, más allá de esto, con el ánimo de ser coherente con el que pienso y actuar con responsabilidad, los pido firmemente que dejen de invertir en empresas que se lucren con el negocio de la guerra y que incluyan en su política de inversiones una cláusula que impida que vuelva a ocurrir una inversión tan controvertida como la que han ejecutado con Indra.